El problema no es hacerlo. Es que no te contesten.
Todo taller tiene presupuestos mandados hace tres semanas que nadie ha vuelto a mirar. Eso es trabajo hecho y dinero parado.
Presupuestos mandados que nadie volvió a mirar. Dinero parado.
Con foto de la pieza · Por WhatsApp · Con aviso de los que no contestan
Lo mandas y desaparece.
Lo escribes entero a mano, aunque la avería ya estaba apuntada en la recepción.
Lo mandas por correo y no sabes si lo ha abierto.
Pasan dos semanas y nadie se acuerda de llamar.
Y cuando por fin aceptan, hay que volver a teclear las piezas en la orden.
El presupuesto sin seguimiento es la fuga más grande que tiene un taller, y no aparece en ningún sitio porque nunca llegó a facturarse.
Un presupuesto no es un papel. Es trabajo pendiente de una respuesta.
Por eso el sistema lo trata como tal: sabe cuáles están esperando, cuántos días llevan y a quién hay que recordárselo. Y cuando dicen que sí, se convierte en orden de trabajo sin escribir nada otra vez.
De la avería al sí del cliente
Y de ahí al foso, sin pasar por el teclado.
Con lo que ya has apuntado.
La avería, las piezas que hacen falta y el tiempo estimado ya están en la recepción. El presupuesto se monta con eso, con tus precios y tus tiempos, en vez de escribirlo otra vez desde cero.
Lo que hace que digan que sí.
La pastilla gastada, la correa cuarteada, el amortiguador sudando. Una foto hecha con la tablet explica en dos segundos lo que por teléfono cuesta cinco minutos y encima suena a que le quieres vender algo.
Donde sí lo van a abrir.
Un correo con un PDF adjunto se abre a los dos días, si se abre. El mensaje al móvil se lee en diez minutos. Y la aceptación queda registrada con su fecha y su hora.
Aquí está el dinero perdido.
Todo taller tiene presupuestos enviados que nadie volvió a mirar. El sistema los tiene en una lista, sabe cuántos días llevan parados y manda un recordatorio. Es el trabajo más barato que vas a recuperar.
Se convierte en trabajo.
El presupuesto aceptado pasa a orden de reparación con todo dentro y el coche entra en la agenda. Nadie vuelve a teclear las piezas ni los precios, que es donde se cuelan los errores.
Esto es una parte. Vienen los cinco departamentos.
Con el mismo sistema vienen la web, el posicionamiento en tu zona, las campañas y el WhatsApp contestado por un agente que cierra citas. Una sola empresa para todo, una factura y siete días de puesta en marcha.
Con esto vienen la web, las campañas y el WhatsApp contestado.
01¿Puedo tener mis propios precios y tiempos?
Sí, esa es la base. Tus tarifas de mano de obra, tus tiempos por tipo de trabajo y tus márgenes en las piezas. El presupuesto se monta solo con eso.
02¿Se puede hacer desde el taller, con el coche delante?
Sí, desde la tablet. Es donde mejor sale, porque haces la foto de la pieza en el momento y el cliente lo recibe mientras todavía se acuerda de lo que le contaste.
03¿Queda constancia de que el cliente lo aceptó?
Sí, con fecha y hora. Es lo que evita la discusión de «yo no autoricé eso» cuando viene a recoger el coche.
04¿Avisa de los presupuestos sin respuesta?
Sí, y es de lo que más se agradece. Los tienes en una lista con los días que llevan parados, y se puede mandar un recordatorio sin tener que acordarse uno por uno.
05¿Y si el cliente quiere cambiar algo?
Se modifica y se vuelve a mandar. Queda la versión anterior, así que si luego hay dudas se ve qué se ofreció primero y qué se acabó aceptando.

Empecemos.
Veinte minutos por videollamada. Nos cuentas cómo trabajas hoy y te enseñamos el sistema con tu caso.
